martes, 13 de enero de 2009

El poder de los plug-ins

Basado en la nota del mismo nombre publicada en el número 3 de la revista Teclado Total, fechada el 31 de enero de 2001, firmada por John Krogh, incluyendo una comparativa realizada por varios expertos.

Al fin, la nota prometida!
Es natural comprender que el uso de sintetizadores se ha extendido, nos guste o no, a todos los géneros musicales. La tecnología posibilitó que la grabación de estos instrumentos sea mucho más fácil. Tal es el caso de los teclados actuales, que poseen salidas USB, con mucha fidelidad y sobre todo versatilidad; o los teclados que han recorrido escenarios, estudios y salas de grabación, con las clásicas salidas de línea, monoaurales y estereofónicas para todos los gustos; todavía existen aquellos que traen incorporadas las fichas MIDI, para sacarle el jugo a las prestaciones a esta tecnología, en todas sus variaciones; o aún hoy se utilizan teclados viejos, con parlantes incorporados y sin salidas de audio, que hacen del microfonado la única técnica de captura de su sonido.
Pero, no todos tienen hoy por hoy la facilidad de conseguir los sintetizadores hardware que quisieran, tanto para probar, como para utilizar definitivamente. Por eso desde hace casi diez años comenzó a popularizarse el uso de los plug-ins.
Qué son los plug-ins? Son parches que se incorporan a las aplicaciones más usuales de secuenciación, mezcla y producción, y traen consigo, generalmente, todas las ventajas de las versiones hardware. En el caso que nos ocupa hoy, los sintetizadores virtuales, suelen tener muy poca diferencia con los racks y/o teclados. Y lo mejor de todo, es que hay para instalar-probar-desinstalar tantos como se quiera!
Es cierto que los primeros que circularon tenían muy poca aceptación, pues su sonido no difería demasiado de los blip-blop de un videojuego de los tempranos noventa, y la latencia entre la presión de una tecla del controlador y el momento en que surgía la nota era muchísima.
Pero, la tecnología avanzó a paso agigantado en lo que a software se refiere. Y a los músicos nos han facilitado las cosas, pues el desarrollo de plug-ins ha hecho que no tengamos que cargar con un armario de racks ni un ejército de teclados, que harían de una gira un martirio. No más preocupaciones con los golpes, problemas de cables en mal estado. Ahora todo se centraliza en una PC, en una Mac, en una notebook, como yo mismo he realizado en vivo semanas atrás, cosa que conté en este blog.
Pueden emplearse también como aplicaciones autónomas, con mucha estabilidad y junto a un secuenciador, permitiendo la “conexión” del sinte al programa enviando la señal de salida a una pista de grabación.
Contamos con algunas desventajas, claro, como el hecho de que a veces se vuelve imposible salvar las modificaciones de un sonido en un plug-in, pero por lo general podemos hacerlo en la mezcla antes de cerrar el programa. Sí podemos hacerlo casi siempre en los autónomos, además de contar con un arsenal de presets y bancos capaces de ponernos de punta los pelos de los pies.
Como los sonidos sintetizados siempre ayudan al músico a encontrar inspiración, el consejo que particularmente sigo es el de utilizar las aplicaciones autónomas de síntesis para componer, grabar a través de la PC de manera analógica para recordar las variaciones que utilicemos, y por supuesto, con excesivo orden y minuciosidad, tomar nota detalladamente en papel de cada uno de los parámetros que guiará nuestra obra. Luego, una vez grabada la muestra en la plataforma de secuenciación, podremos reproducir estos cambios para obtener así el sonido que habíamos logrado anteriormente.
Y salvar la mezcla, claro…